Google Watch o la encapsulación de los valores sociales de una época

Google Watch

© Google, 2022

El cuerpo transparente se refiere al cuerpo medido, calibrado, cuantificado en todos sus aspectos y funciones. Un cuerpo activo se encuentra en un entorno determinado en una condición metabólica determinada. La actividad del cuerpo es su historia de actividad: el empleo, los viajes, el ocio, el sueño, las prácticas alimentarias, el ejercicio. La ubicación del organismo se refiere a su entorno socioeconómico: entorno de vida, nivel de ingresos, nivel de educación. El estado metabólico del cuerpo se refiere al conjunto de reacciones químicas que tienen lugar en el organismo para mantenerlo vivo: estas reacciones químicas no sólo son medibles, sino que también permiten identificar los órganos que pueden alterar el equilibrio químico óptimo del cuerpo. En definitiva, el cuerpo transparente es el cuerpo obligado de las tecnologías digitales.

Ecologismo, autonomía, flexibilidad y rendimiento

Aunque el Google Watch es el último reloj conectado que ha llegado al mercado, no sólo incorpora las mismas tecnologías que los demás relojes conectados, sino que al mismo tiempo da un paso adelante al adoptar los valores sociales de nuestro tiempo. En esta era de la conectividad omnipresente, en la que la tecnología subsume lo social, en la que la tecnología se convierte nada menos que en una plataforma de ingeniería social, este nuevo reloj afecta a nuestra inscripción social.

Ecologismo, en el sentido de que Google anuncia desde el principio que la carcasa está fabricada con acero reciclado, que la duración de la batería se prolonga porque el proceso de seguimiento de la frecuencia cardíaca se ha modificado para que dependa únicamente del coprocesador del chip, que consume mucha menos carga de la batería que el procesador principal.

Autoempoderamiento, en el sentido de dar al individuo la posibilidad de controlar su propio estado metabólico y fisiológico, significa también hacerlo cada vez más autónomo de sí mismo. De hecho, desde 1985, la tendencia a aumentar la autonomía del individuo, es decir, a aumentar la carga de las capacidades individuales para hacer frente al dominio de los mecanismos del mercado sobre el conjunto de la vida, ha llevado gradualmente al individuo a ser cada vez más autónomo, convirtiéndolo en un libertario a pesar de sí mismo.

Autoconstrucción, en el sentido de que en una sociedad abandonada a la depredación del capital, de las finanzas, de la economía y del orden del mercado, donde la precariedad del trabajo se convierte cada vez más en una condición inevitable, convertirse en arquitecto de su vida, dueño de su destino y empresario de sí mismo es necesariamente un imperativo.

Rendimiento, en el sentido de que el individuo que tiene la capacidad de mejorar su propia condición física controlándola desde un simple reloj sujeto a su brazo se convierte necesariamente en un individuo capaz no sólo de rendir mejor físicamente, sino también intelectualmente.

Flexibilidad, en el sentido de que la globalización del capitalismo, en su lógica del « just in time », ha exigido individuos cada vez más flexibles y capaces de adaptarse a horarios de trabajo cada vez más escalonados, individuos cada vez más enredados en los miles de hilos invisibles de comunicación que les unen constantemente al trabajo. El individuo, atado a estos miles de hilos invisibles que le vinculan constantemente a alguna tarea, borran cualquier ruptura entre el trabajo y el ocio, luchan contra los tiempos muertos, la vacuidad y la ociosidad, le obligan a estar constantemente en el trabajo, a asegurar una actividad continua e incesante.

Reloj conectado, en el sentido de que es el precio a pagar por estar constantemente conectado no sólo al trabajo, al ocio, a la cultura y a la economía, sino también por estar conectado al propio cuerpo para hacerlo dictable y transparente, este cuerpo obligado por las tecnologías digitales.

© Pierre Fraser (PhD), sociólogo, 2022

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